La música clásica es uno de esos términos que parecen claros hasta que uno se pone a pensar en ellos, porque llamamos con ese nombre a un abanico de obras musicales que abarca desde los cantos gregorianos medievales, de cuando la música se escribía en cuadrados hechos con pluma de ganso, hasta las locuras más vanguardistas de inicios del siglo XX, donde la disonancia era calculada y la armonía se tomó unas inmerecidas vacaciones. Lo que está claro es que esta música nos resulta exótica por dos motivos fundamentales: lo antigua que se nos antoja, y lo inaccesible que resulta.
Y eso es precisamente lo que el concierto del pasado 31 de mayo, Un recorrido por el género lírico, vino a solucionar.
La ópera es a menudo un mundo increíble donde el oyente no iniciado encuentra triste cantidad de barreras de entrada: precios elevados, protocolos estrictos que rara vez se divulgan, e idiomas extranjeros que no siempre se acompañan de subtítulos en directo. Por si fuera poco, la experiencia estándar para la mayoría de obras consiste en conocerlas previamente, leer la sinopsis y la trama de antemano, y, una vez hechos los deberes, entonces sí sentarse entre el público; todo ello exige un esfuerzo mental considerable.
Tiene sentido: durante siglos, la lírica ha sido patrimonio de las clases altas; no sólo por gusto, sino por exclusión. Pero eso significa que esta forma de arte, que irremediablemente conlleva preparación maratoniana, no va a encontrar todo el público que merece.
Por fortuna, este artículo es alegre: la soprano Mª Carmen Portela y el pianista Pablo Gil, dos jóvenes exponentes de la escena musical clásica contemporánea, han venido aquí, a Alhama, a nuestra Casa de la Cultura. Y lo han hecho con un objetivo tan claro como acogedor: tender un puente hacia ese universo sonoro que pocas veces parece hecho para nosotros. Dieron un concierto bien dotado de idiomas (alemán, francés, italiano, euskera y castellano) y de repertorio. ¿La guinda del pastel? Que el nombre no es casualidad: Un recorrido por el género lírico ha llevado de la mano a todos y cada uno de sus asistentes, de modo que quien viniera a darle una oportunidad al lied, la ópera y la zarzuela saliera tan o más disfrutado como quien ya fuera conocedor; y, precisamente, quien conocía de antes pudo constatar de primera mano que el repertorio no sólo era elevado a nivel técnico y vocal, sino también cohesionado en un viaje artístico que daba toda una vuelta por Europa.
Aportaron lo que casi nunca se permite: explicaciones en directo. De este modo, quien vino de nuevas vio las puertas abiertas a un tipo de música que pocas veces se nos ofrece, y quien tenía experiencia apreció las tablas de los intérpretes, que no pocas veces han salido de España y traído de vuelta su pericia musical.
Mª Carmen Portela y Pablo Gil ofrecieron un concierto inconsútil, donde las paredes de la Casa de la Cultura compartieron longitud de onda con un dúo perfectamente acoplado. La mayor y más sutil diferencia entre la ópera y el lied es que, en la primera, la instrumental acompaña y realza a la voz, mientras que, en el segundo, voz y piano tienen que comunicarse y auparse mutuamente, porque están al mismo nivel.
Es una proeza técnica muy difícil de lograr si los artistas no están en sintonía. Por fortuna, este par lo está, y en sus cotas más altas.
Esto es canción. Y, como dijo Lope de Vega, quien lo probó lo sabe.