1
Voy paseando, es una mañana agradable, aun no aprieta el sol. La calle está muy concurrida a pesar de ser bastante temprano. De pronto, escucho a mi lado: ¡hola! ¿Qué tal te va?, siento sorpresa ya que me encuentro lejos de la ciudad en que vivo. Mi desconcierto dura unos segundos, el tiempo que tardo en darme cuenta que es una chica hablando por el móvil, con manos libres y auriculares. Pasa a mi lado y sigue enfrascada en su aparente soliloquio.
A pesar de ser algo que ya forma parte de lo que se considera normal, siempre me produce inquietud ver a personas, hablando solas, entre la multitud.
2
Entro en una farmacia buscando remedio para la alergia. Mientras espero que me atiendan escucho una conversación, justo a mi lado, que llama mi atención por lo exaltado del tono.
Una señora, vestida con ropa cara, muy maquillada, bien peinada, habla airadamente con una de las farmacéuticas: …si hija, es que no puedo más. Y no sólo me ha recetado todo lo que viste, también Tetrazepan y el Orfidal, pero es que de eso tenía en casa. Lo que pasa es que a veces no me los tomo, como ayer mismo que tenía clase de zumba, ¡cómo voy a ir a bailar con todo eso encima! Ahora que, cuando llegó mi marido a casa, le tiré en la mesa todas las cajas y se lo dije bien claro: ¿Tú sabes quién tiene la culpa de todo esto? ¡Eh! ¿Lo sabes?, pues yo te lo digo, la tiene tu madre. Así de claro se lo dejé….
Con mis medicinas ya en la mano, salí de la farmacia, pensando.
3
Acabo de acomodarme en el tren que me llevará de vuelta a casa, he colocado el equipaje y preparado el libro que me acompañará durante el viaje. De pronto irrumpe en el vagón una mujer, de edad madura, en pleno ataque de nervios, llorando, gritando y preguntando por la guía del viaje organizado del que decía formar parte. No paraba de explicar, a todo el que quería escucharla, su problema: …claro que la culpa la tiene el listo de mi marido, el señor universitario, el que todo lo sabe. En Atocha esperando hasta que hace 20 minutos nos han dicho que teníamos que venir a Chamartín, que veremos a ver ahora si estamos en la lista, no sé de qué le vale tanta carrera y tanto leer libros si no sabe leer el folleto que nos dieron. (Se vuelve hacia un hombre que la sigue en silencio y con la cabeza agachada) ¡Sí, tú que sólo sabes estar callado, soluciona el problema! Algunos viajeros intentaban calmarla mientras llegaba la chica encargada de su viaje, que se los llevó al vagón que les correspondía. Cuando ya casi estábamos llegando al final del trayecto, volvió a aparecer la pareja en cuestión para recoger el equipaje que habían dejado en el vagón que yo ocupaba. La señora se dirigió a algunos de los que la habían intentado consolar anteriormente: ¡…ay dios mío! Perdón por cómo me he comportado antes, pero es que mi marido no tiene arreglo, no sé de qué le vale ser profesor, ¡tan listo! Ya, ya sé que yo también debería de haber leído la información que nos dieron, pero claro siempre dejo esas cosas en sus manos…
El marido seguía con la cabeza baja, con apariencia de no saber dónde meterse. Iban a pasar una semana de vacaciones en la playa.