En verano cualquier momento es bueno para quedarse “clisado” un ratico en el sofá, frente al ventilador, más aún si la noche ha sido calurosa y no se ha podido dormir de un tirón. “Nada más murciano que clisarse en verano”
Este año me he propuesto recuperar una asignatura pendiente, leer El Quijote. Aunque era lectura casi obligada en la época estudiantil creo que solo de adulto se puede entender la mayor parte de esta fantástica obra de nuestra literatura.
En el capítulo XII, un cabrero le intenta explicar al caballero lo que es un eclipse y lo nombra con la palabra “cris” “el cris del sol y de la luna” lo que es corregido por Don Quijote: “Eclipse se llama que no cris”. Esto lo leí justo cuando estaba cercano el eclipse total de sol que pudo verse en la mayoría de la península.
Indagando sobre esto vi que “clisado” deriva de eclipsado. Y me pareció de una lógica aplastante. Porque quedarse clisado, en nuestra región, no es solo dar una cabezada llevado por el cansancio o el sueño. A quien no le han dicho alguna vez, sobre todo en la adolescencia, “¡Eh, que te has quedado clisado!” cuando te veían con la mirada perdida, sin ver nada porque un pensamiento se había interpuesto entre tus ojos y la realidad.
A veces ocurre, si estás leyendo, que cuando te das cuenta has ido pasando hojas y hojas que recorrías con la mirada mientras tus pensamientos tapaban el significado de las palabras escritas. O viendo una película, de pronto, llevas media hora con ella y ni sabes de lo que va porque algo se ha metido entre ella y tú.
Me da la impresión de que últimamente nos quedamos “clisados” con más frecuencia de lo normal. Ese estado de sopor, de casi inconsciencia, es sumamente agradable y apetecible para quedarse en él.
En medio de la excesiva aceleración del mundo que nos rodea es muy atrayente “clisarse” y dejar que nos eclipsen la realidad con el runrún que sale de las pantallas, a veces hacemos el amago de dirigir nosotros la mirada, pero es más cómodo (e infinitamente más peligroso), no pensar, ver sin cuestionar.
He de confesaros que me quedé “clisada” esperando ver el eclipse de sol en la pantalla. Cuando me di cuenta había oscurecido como cualquier otro día.
