Articulo de OPINIÓN de Cristina Cánovas
Si eres alguien en este mundo las cosas son más fáciles, y si no más fáciles, por lo menos más visibles. He de confesar que no estoy siguiendo el caso Rubiales, ni el caso Errejón, pero en cualquier caso, valga la redundancia, veo que la tragedia de ser acosada, que es lo que verdaderamente importa, no está por encima del personaje, de las masas que mueve y los intereses que suscitan.
Como el hilo de los ofendidos es tan vulnerable, no me voy a pronunciar al respecto de sí debería haber subido a su casa o de porqué lo hizo, nadie es quien para juzgar los actos de nadie. Una no estaba allí para saber sus motivos, ¿verdad?, eso en cuanto a Errejón. Y en cuanto a Rubiales, pues mira, que fue un gesto sin decoro, sí, que no fue apropiado, sí, que fue sin consentimiento, también, y por todo esto ese señor no puede estar en el puesto que estaba y debe pagar por ello.
Ahora, hablemos de las agresiones sexuales, ¿qué entendemos por agresión sexual?, porque hay muchas mujeres que sufren agresiones sexuales horribles y no se les da la visibilidad que estos casos están teniendo. ¿Cuál es el beneficio para todas nosotras de que sean tan mediáticos? Discúlpenme pero no veo que el hablar y hablar sobre estos temas nos haga prosperar en cuanto a disminuir los casos de violencia hacia las mujeres. Será que en mi fuero interior quedan grabadas las caras de Ana Orantes, Lina Balbuena, Juana Rivas, Lina, asesinada delante de sus hijos hace cuatro días en Benalmádena, mujeres que sufren las consecuencias de cruzarse por su camino con personas indeseables, con monstruos.
A la vista está que nuestro sistema falla, que las medidas no funcionan, que las políticas de igualdad no han dado aún con la clave para que esto termine de una vez por todas, y en el fondo nos da igual, porque no nos ha pasado a nosotros.
Si verdaderamente queremos despertar conciencias, dejémonos los debates que no nos llevan a ningún puerto y demos más visibilidad a esta barbarie que deberíamos haber solucionado hace mucho tiempo.
Hace unos días veía “Soy Nevenka”, y he de reconocer que no pude dormir esa noche (mi enhorabuena al elenco, no entiendo la ausencia del Goya en sus vitrinas). En cierto modo tengo una deuda con este caso, porque esto sucedió en 2002, no hace tanto, pero, nuestra sociedad era tan primitiva que nos dejaba imágenes de multitudes abucheando a la víctima. De esas multitudes aún hay quienes la repudian y esa es nuestra vergüenza como sociedad.
La cara de Nevenka no la olvidaré jamás, porque su rostro era el del dolor.
Gracias hermana por abrirnos los ojos a tantas, antes no sabíamos si estaba o no estaba bien, si decías que no a tu pareja era una ofensa para esa persona y el que le abrieras la puerta a un hombre, alguna vez, o muchas o las que quisieras, le daba licencia a este para otras en las cuales tú no querías, ¡es una locura!, y estábamos sumidas en esa educación.
Seamos justas con nosotras mismas y con quienes nos rodean y, si verdaderamente vemos actitudes de acoso, que no pasen desapercibidas. Y muy importante, honestidad, no aprovechemos que en estos momentos, “parece”, que la sociedad está más concienciada y utilicemos esto para beneficio propio. Porque esos medios, ese despliegue de atenciones y de amparo es para las mujeres que verdaderamente lo necesitan, no nos echemos piedras sobre nuestro propio tejado, no dilapidemos el nombre de mujer con denuncias falsas y seamos honestas. El acoso sexual, la manipulación, las vejaciones y el miedo, es algo muy serio que sufren muchas mujeres, mi apoyo a todas ellas, no dejemos pasar ni una.