Artículo de OPINIÓN de Isabel Campos López
Tengo que reconocer que me ha costado escribir esto. No sabía de qué forma decir lo que quiero decir.
Durante treinta años nuestro pueblo ha disfrutado de un enorme privilegio, tener un periódico semanal en el que se recogían las noticias más relevantes que ocurrían a nuestros vecinos, asociaciones e instituciones; también ha contado con numerosos colaboradores que han ido cambiando a lo largo de los años, yo misma he tenido la fortuna de ser una de ellos. “Infolínea” (que antes fue Línea Local) ha sido una publicación seria, honesta, independiente y progresista a lo largo de toda su trayectoria.
A primeros de este año se nos comunicó la mala noticia de que desaparecía como periódico editado en papel y pasaría a ser una publicación digital.
Ya no se compran periódicos, todos preferimos mirar titulares en las iluminadas pantallas de los móviles sin ahondar ni darnos el tiempo de una lectura reposada, como la que se nos ofrece desde un ejemplar en papel. Otro síntoma más de los tiempos que vivimos, un mal síntoma diría yo.
Cuando se supo la noticia de la desaparición de esta publicación semanal, en las redes aparecieron muchos comentarios lamentando que ocurriera. ¡Que poco cuesta poner un emoticono con carita triste o decir un ¡“cuánto lo siento”! A mí me hubiese gustado ver reacciones diferentes y comprometidas defendiendo a la prensa publicada en papel como el servicio público y democrático que es, sobre todo en esta etapa social de la prisa, la falta de reflexión y las mentiras.
Las publicaciones en redes sociales tienen lo gratificante de la inmediatez, a la que nos hemos perversamente malacostumbrado, sumado a que cualquiera puede opinar públicamente sobre ellas sin orden ni concierto, bajo perfiles falsos y, la mayoría de las veces, sin conocer muy bien el tema del que se trata.
Seguiré colaborando con este medio, me comprometo a ello, pero echaré de menos el proceso que lo convertía en algo diferente: la recompensa que recibía el viernes al ver mis palabras impresas; disfrutar de la lectura, más tarde, detenidamente, ante una taza de té, de todos los escritos de los demás compañeros y ver las crónicas de mi pueblo plasmadas en sus páginas. Infolínea ha sido durante años un habitante más de mi casa, era habitual verlo en el sofá, sobre la mesa, al lado de un libro, siempre a mano por si me apetecía volver a releer cualquier noticia.
Quizás penséis que estoy desactualizada, que lo nuevo es lo mejor. Yo opino que no siempre es verdad esta premisa. Nos estamos pasando de frenada para conseguir con ello volver al principio de un camino que ya creíamos superado. Hay momentos en la historia en que lo más moderno es ser un poco antiguo.