“Volver a los 17, después de vivir un siglo, es como descifrar signos sin ser sabio competente. Volver a ser de repente tan frágil como un segundo. Volver a sentir profundo como un niño frente a Dios. Eso es lo que siento yo en este instante fecundo.” Violeta Parra.
Últimamente noto una cierta tendencia a la añoranza y la melancolía entre las personas de mi generación. Los cambios sociales que se están dando de forma excesivamente acelerada hace que echemos de menos aquel tiempo en el que todo iba despacio, donde no había prisa.
Aunque muchas veces los recuerdos son engañosos. Los jóvenes que yo conocía si teníamos prisa, prisa por ser adultos, prisa por adquirir derechos, por ser mayores de edad a los 18, queríamos que hubiese elecciones, queríamos votar. Teníamos hambre de saber, trapicheábamos con libros prohibidos que devorábamos a escondidas o en lecturas colectivas. Disfrutábamos cantando canciones que no se podían y editábamos octavillas (ahora se les llama flyers), en imprentas rudimentarias, eran nuestro whasapp de la época.
Me atraía mucho el mundo adulto y, quizás por eso, en cuanto pude, empecé a trabajar. Creo que mi primer trabajo remunerado fue en un almacén de uva (Esa labor que han representado de forma magistral “Las chicas del poyetón” en los recientes carnavales). El trabajo empezaba a primera hora de la mañana, casi amaneciendo. Tenía 15 años.
En aquellos años los chicos y chicas no poseíamos casi nada, aparte de las ganas por hacer cosas. Nuestra vida de entonces hoy sería calificada de aburrida yo puedo decir que no recuerdo el aburrimiento. El compromiso social estaba muy presente en mi círculo de amistades, donde se daban las ideologías más variadas, nuestras reuniones solían ser en los locales de la O.J.E, en excursiones dominicales a la sierra o en la casa de campo de algún amigo. Su carácter semiclandestino las dotaba de un romanticismo especial.
Algunas de las actividades que más recuerdo fueron la campaña por el voto a los 18 años y la de pedir la abstención para el referéndum en el que se votaba la Constitución. Los grupos se unían por afinidades diversas, ser maoístas, marxistas, seguidores de la teología de la liberación o simplemente porque en el grupo elegido estaba el chico o la chica que te gustaba.
Reconozco que esta etapa histórica en la que estamos ahora es difícil de asimilar. ¡¡Que los rusos y los yanquis son amigos!! ¡¡Que la Guardia Civil es democrática!! ¡¡Que dice Europa que hay que armarse para una posible guerra!!
Cuando me viene a visitar esa cierta melancolía de la que hablaba al principio, me pregunto qué es lo que echo de menos. ¿Echo de menos lo que viví entonces o la edad que tenía cuando lo estaba viviendo? Decía Jorge Manrique “cuan presto se va el placer, como después de acordado, da dolor y como a nuestro parecer cualquier tiempo pasado fue mejor”. La periodista Nieves Concostrina dice con ironía que “Cualquier tiempo pasado fue anterior”.