Vanpiro esiten.
No, no me ha dado un parraque: simplemente cito uno de los actos de vandalismo más celebrados de internet, mi fosa séptica favorita. Se trata de un grafiti (ignoro dónde, pese a los tres o cuatro heroicos minutos que invertí en investigarlo) cuyo mensaje enigmático se ha ganado un hueco en la cultura digital. Vanpiro esiten invita a la irreverencia y a la reflexión, a sospechar de las versiones oficiales, a mirar el mundo con el ceño fruncido y las cejas arqueadas desde la calma de la independencia. Dice lo que nadie se atreve a decir, y de paso nos recuerda que, si vanpiro esiten, quizá deberíamos vigilar el cuello.
O quizá sólo es un meme. Y, como buen meme, me sirve para romper el hielo de un discurso que, siendo sinceros, tampoco iba a ser tan bueno.
Porque vampiros no hay, pero ciertos chupasangres sí. Y lo que sí existe, en cantidades industriales, es la exageración: la hipérbole, que enorgullecería mi antigua profesora de Lengua y Literatura Castellana. Constantemente retratamos situaciones que no son para tanto como si sí lo fueran… Y es que a veces porque nos conviene que lo parezcan.
¿El motivo? Hay varios y variados: efecto dramático, interés personal, morbo, o, simple y llanamente, humor.
Y aquí entra el factor fascinante: somos los únicos animales que se ríen; las hienas, pese a lo mostrado en El rey león, en realidad sólo respiran raro. Ninguna hiena animal (las humanas sí, y a menudo) sabría apreciar un chiste de Arévalo. Nosotros, en cambio, somos bichos vivientes que se descosen de risa, y encima lo buscamos activamente, aunque lo practiquemos menos de lo que convendría. Reír no sólo es agradable: es fisiológicamente beneficioso. Se ha dicho mil veces que la risa es la mejor medicina, y yo vengo a decirlo la vez mil y una; esta vieja frase sigue funcionando porque es cierta.
Por eso vengo hoy a recomendar algo muy sencillo: practica tus chistes. Entrena tu capacidad de convertir lo abrumador en manejable. No hace falta trivializar tragedias, pero sí podemos limar el filo de lo cotidiano convirtiendo, dentro de lo razonable, la hecatombe en ocurrencia. Que para llorar siempre hay tiempo; para reír, a veces menos del que debería.
Eso sí: el humor negro, como indica su manual ético no escrito, siempre debe apuntar hacia arriba. Nunca hacia quienes ya tienen suficiente con sobrevivir.
Al fin y al cabo, nos guste o no, el mundo tal y como está va a seguir igual, por lo menos, otros cinco minutos más. Siendo ése el caso, sigamos trabajando para que dentro de otros cinco esté un poco mejor y, mientras tanto, démosle un respiro al sistema sanitario nacional con el remedio casero más de bar: un chiste de los buenos, afilado hacia los malos.