El Museo Arqueológico de Los Baños acogerá la presentación de un libro muy especial, la novela «Lo que sé de esos libros» escrito por Cristóbal Sánchez Blesa a partir de una historia real que podría haber sido una crónica o un reportaje, pero que acabó convirtiéndose en novela. El acto se celebra con motivo del Día Internacional del Libro y tendrá lugar el viernes 9 de mayo en Alhama de Murcia, a las 20:00 h.

La novela nace del extravío, pero también de la fidelidad a una idea: la de regalar a una hija una biblioteca única, formada por libros dedicados por sus autores.
El autor de la obra, que firma con las iniciales CSB, no nació en Alhama, pero llegó a vivir aquí a los diez años y creció entre sus calles, su gente y su entorno cultural. Marchó a Madrid para estudiar, y allí reside desde entonces, aunque nunca ha dejado de mirar hacia su pueblo con afecto. Ese vínculo se filtra en la novela, en escenarios que evocan paisajes reconocibles o en recuerdos que remiten a su juventud alhameña.
La historia que da origen al libro está inspirada en un hecho real. “Padre reúne colección de libros dedicados para su hija, y los pierde. La compensa escribiendo una novela”, resume el propio prólogo, en el que se mezcla el tono periodístico con la confesión personal. Durante una década, CSB fue reuniendo libros dedicados por autores como Mario Vargas Llosa, Soledad Puértolas, Ricardo Piglia o Belén Gopegui, con el objetivo de entregárselos a su hija el día de su mayoría de edad. La colección, cuidadosamente guardada en una caja, desapareció misteriosamente de un trastero en su pueblo. Solo conserva uno.
La pérdida fue dura: “Estuvo a punto de caer en su primera y única depresión, al final no cayó”. A cambio de esa biblioteca extraviada, escribió una novela. “Pensó en regalarle a Cecilia, en lugar de la colección, una novela. Un clavo saca otro clavo”. El libro se escribió casi por necesidad, durante un año de desempleo que el autor convirtió en tiempo fértil para crear.
El relato, aunque basado en un hecho concreto, se convierte en una reflexión más amplia sobre la familia, la memoria y la identidad. Y en ese paisaje emocional ocupa un lugar especial la figura de su madre, “un talento de mujer con un tirito que la hacía distinta”, a quien el autor no deja de recordar. Su recuerdo atraviesa el relato como una presencia cálida y persistente, símbolo de un linaje humilde y fuerte que impregna el fondo de la novela.
Lejos de una crónica o una semblanza personal, la obra “se da un aire con aquello que pasó, y con lo que fuimos”. El autor optó por la ficción como forma de “hablar de otras cosas, de la familia, de recuerdos, de frustraciones y conquistas, de valores que compartimos en esta tribu”.
“Una familia humilde no se lo puede permitir, una persona ordinaria e insignificante, como el propio CSB, caería en el ridículo si escribiera una semblanza familiar y, menos aún, personal. Poca gente merece una biografía, pero todo el mundo puede tener su novela”, escribe el prologuista, que también es el autor de la obra.
Cecilia y Fernando —sus hijos reales, únicos nombres auténticos en la historia— son los principales destinatarios de esta novela. Pero también lo es el lector, que encontrará en ella una historia de pérdidas y afectos, de libros y memoria, escrita por “un lector que pasa con esfuerzo al otro lado del espejo”.