
La representante del PSOE en Alhama, leyó un texto en el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto, en el homenaje a Francisco Aledo Martínez, José Cerón García, Antonio Martínez Baños, José María Martínez Costa y Braulia Cánovas Mulero, alhameños/as víctimas del Holocausto
“No llorar, no indignarse, solo entender”. Esta frase de Baruch Spinoza, filósofo de origen sefardí del siglo XVII, podría ser la que nos marque el camino en los tiempos que estamos viviendo. Entender lo que está ocurriendo sin sentimentalismos o rabia siempre resulta muy complicado. Reflexionar seriamente sobre el mundo que nos ha tocado vivir implica volver los ojos hacia los que vivieron en el pasado situaciones parecidas.
Cuando habíamos encontrado el entendimiento y la colaboración entre los pueblos, cuando el diálogo y el acuerdo nos permitían establecer alianzas, cuando nos dirigíamos hacia la unidad en esta vieja Europa que tanto esfuerzo costó construir, han regresado los espectros del fascismo, aquellos que la destruyeron hace tan solo ochenta años. Para meditar sobre esto nos hemos reunido esta tarde con el fin de homenajear a hombres y mujeres, vecinos nuestros, que lucharon contra la barbarie y que con su esfuerzo y su ejemplo nos permiten reflexionar sobre el mundo que nos desconcierta y tratar de encontrar las respuestas que buscamos.
Los hombres y las mujeres a quienes recordamos esta tarde vivieron en un mundo terrible en el que la bondad, la humildad y la humanidad habían perdido su sentido, tal y como está empezando a ocurrir en estos momentos difíciles, pero ellos fueron capaces de seguir luchando contra toda esperanza por devolver la cordura a la sociedad.
Cuando Pandora abrió su caja y todos los males posibles salieron al mundo, lo único que quedó dentro fue la esperanza, ese regalo divino que nos permite soportar sufrimientos y catástrofes. Pero no podemos pensar en la esperanza como una falsa ilusión, no, si buscamos entender. Las mujeres y los hombres a los que conmemoramos hoy no perdieron la esperanza, sino que trabajaron por ella; su recuerdo y sus vidas nos deben de servir como empuje para seguir adelante y ser capaces de cambiar la realidad a la que nos enfrentamos, donde parecen estar ganando las mismas fuerzas contra las que ellos lucharon.
Nuestro compromiso, como demócratas, como progresistas, como ciudadanos responsables, es trabajar para que los valores democráticos, la unidad entre las personas, la justicia social y la igualdad de todos los que nos rodean no sean utopías, sino realidades. Desechemos las ideas que nos separan y abracemos las que nos unen, como pueblo, como demócratas, como ciudadanos del mundo. Que nuestra esperanza, como la de ellos, no sea una falsa ilusión, sino la certeza de que podemos encontrar el entendimiento, la unidad entre las personas y entre los pueblos. Que nuestra esperanza, como la de ellos, sea el motor que nos permita seguir avanzando para construir una sociedad más justa, más coherente y más igualitaria.