Muchos recordareis la serie de los 70’ “Los Roper” esta surgió de una emitida con anterioridad titulada “Un hombre en casa”, ambas de la TV británica producidas por “Thames Televisión”. Después vendría “El nido de Robin”. Todas tuvieron mucho éxito en nuestro país. Las divertidas historias que en ellas se contaban mostraban una manera de vivir más lúdica y libre de lo que normalmente se emitía en nuestra televisión.
Pero a lo que voy…en un capítulo de las series mencionadas, no recuerdo cual, aparece la cocina de una de las casas, en la que entra un invitado. Al ver que todo estaba manga por hombro y que cajas de pizza, ya vacías, se amontonaban al lado del fregadero, el invitado le preguntó al dueño de la casa que por qué no las tiraba a lo que este le contestó “así tengo a todas las moscas en el mismo sitio…”.
Con la de años que han pasado y, desde hace un tiempo, recuerdo esa escena con frecuencia. Me parece una representación casi metafórica de la manipulación para dirigir el odio al sitio que más convenga según los intereses de turno.
Cada cierto tiempo cambia el objeto a odiar, a veces es una persona, otras un grupo social, una orientación ideológica…
Para el televisado genocidio que se está cometiendo en Gaza desde hace demasiado tiempo, se nos ha dirigido, como moscas, hacia unas cuantas cajas, las más significativas: Netanyahu y Donald Trump.
¿Es posible que el futuro de la paz en el mundo esté en manos de sólo dos personas? ¿Acaso vivimos una dictadura global, sin darnos cuenta?
Me cuesta mucho creer en el poder inconmensurable de dos hombres. ¿Qué intereses hay detrás de estas figuras políticas?
En las últimas semanas protestas multitudinarias han llenado las calles de medio mundo, y de nuestras pantallas, pidiendo la paz en Palestina. La angustia y la impotencia ante el horror que nos muestra cualquier medio a cualquier hora, se ha vuelto casi insoportable.
Hace unas horas la O.N.U se ha dignado, por fin, a ponerle nombre a lo innombrable: “GENOCIDIO”. Hasta la monarquía española se ha atrevido a hablar de un estado Palestino.
¿Y, ahora qué? ¿Ya se puede decir en voz alta lo que antes se pensaba a gritos?
Quizás es que ya no queda nada que salvar. Quizás el exterminio está llegando a su fin. A lo mejor nos dejan soltar la rabia en público para que nos sintamos satisfechos cuando algunos se erijan en salvadores.
La última noticia leída esta misma mañana, miércoles/17: “Israel abre una segunda carretera durante 48 horas para forzar la salida de la ciudad de Gaza. El camino atraviesa la Franja de norte a sur para que la población se desplace forzosamente” (El País)
¿Está ya la Franja de Gaza lo suficientemente “limpia” como para poder empezar a edificar el proyecto hipermillonario proyectado?
Hoy mi texto está lleno de preguntas de las que temo las respuestas.