“…Anda tú, si quieres, que a mí no me quea ni un soplo d´aliento, ni una onza de juerza, ni ganas de verme ni de que me mienten siquiá la cosecha…Anda tú, si quieres, que yo pué que nunca pise más la senda, ni pue que la pase, si no es que, entre cuatro, ya muerto, me llevan…Anda tu si quieres…No he de ir por mi gusto, si en cruz me lo ruegas, por esa sendica por ande se jueron pa no volver nunca, tantas cosas güenas…” (La Cansera. Vicente Medina)
Al cansancio del cuerpo y la mente, consecuencia de un sistema económico y laborar que podríamos llamar inhumano, se está sumando el cansancio social. El descreimiento y la apatía producidos por la caída del deseo nos encaminan a un poco favorable futuro.
Los medios de comunicación siguen siendo los grandes aliados de quienes buscan una sociedad fuera de juego, sin ganas de nada, pero con necesidad de todo. No mirarlos se ha convertido en algo casi imposible.
Las noticias, que nos saltan desde las pantallas de nuestra realidad, hablan de la corrupción sexual y económica, del triunfo de la extrema derecha en Chile y del comunicado sobre el futuro control de las RRSS personales de quien tenga intención de entrar en los EE.UU que acaba de dar el presidente Trump.
Ayer por la tarde intenté distraerme viendo una película que tenía pendiente desde hace mucho, me refiero a “Hijos de los hombres” del director mexicano Alfonso Cuarón. No, no fue una buena elección…sólo pude aguantar 15 minutos, y no porque me pareciese una mala película, si no por la angustia que empezó a provocarme; me parecía estar viendo cualquier Telediario mezclado con “El cuento de la criada”. Tengo ganas de volver a ella, pero no sé cuándo será.
Quizás sea consecuencia de esta realidad que nos envuelve por lo que, la mañana del pasado 10 de diciembre, en cualquier sitio donde mirases o escuchases aparecía el nombre de una persona: Robe Iniesta. Me impactó que al conectarme a internet el noventa por ciento de las ventanas tenían su imagen, sus palabras y su música.
La necesidad que tenemos de humanidad se hizo patente en la manera que tanta gente llegó a sentir el duelo por su muerte como el de alguien muy cercano. Aunque de forma inconsciente, dolía no solo su muerte si no todo lo que este artista y su forma de relacionarse con el arte significaban. Famosos y no famosos, jóvenes y no tan jóvenes, progresistas y algunos que no le eran tanto, mostraron tristeza e irreprimibles lágrimas ante la encarnación de la muerte simbólica de una época.
Posiblemente Robe no fuese el mejor cantante, ni Extremoduro el mejor grupo, pero por alguna razón, su verdad logró colarse en las historias de vida de mucha gente que seguirá echándolo de menos.
Os deseo lo mejor en estas fiestas en las que, queramos o no, todos nos sentimos emocionalmente implicados. Y, el próximo año, ojalá logremos rebajar el cansancio y la rabia que nos impide vivir e ignorar el calor de las personas.
“.. y muere a todas horas gente dentro de mi televisor. Quiero oír alguna canción que no hable de sandeces y que diga que no sobra el amor y que empiece en sí, no en no…” (La vereda de la puerta de atrás. Robe Iniesta e Iñaki Antón).