Cuando se escucha «neurodiversidad», el primer instinto suele ser pensar en autismo, en déficit de atención, o en dislexia. Pero hay una forma de neurodiversidad presente en el 10 % de la población cuya notoriedad está aumentando justo ahora, conforme yo escribo estas líneas y tú las lees: las Altas Capacidades Intelectuales (ACI, para abreviar).
Las ACI no son una mera cuestión de coeficiente intelectual (el famoso CI), sino toda una manera alternativa de procesar el mundo que nos rodea. La persona ACI presenta una forma de pensamiento acelerado y divergente: aprende con rapidez, cuestiona lo establecido y siente una frustración tan potente como su capacidad cuando el entorno limita su creatividad y no presenta desafíos intelectuales suficientes. Un muy buen pedagogo dijo una vez que con las ACI tu cerebro es David el Gnomo: siete veces más fuerte que tú. Pero son siete veces agridulces, porque la elevada capacidad de aprendizaje de las ACI se vincula estrechamente con la hipersensibilidad sensorial y la intensidad emocional excesiva.
Con estas características, el entorno académico y laboral tradicional acaba traicionando a la persona ACI, que al final pasa desapercibida cuando su frustración le hace blandir apenas una fracción de su potencial a medida que se coarta.
Todo esto lo sé, porque yo mismo lo he vivido. Y, porque yo mismo lo he vivido, sé también cuán necesarias son las iniciativas de apoyo a las ACI como la que hoy me ocupa: TalentIQ, del Grupo Fuertes.
Uno de mis compañeros de TalentIQ describe el programa como «metanoia: cambio en el paradigma del pensamiento», y no podría estar más de acuerdo. Durante las diez semanas de programa, seis jóvenes promesas ACI hemos recibido desafíos y apoyos como ninguno de nosotros había encontrado nunca; medicina, desarrollo web, ingenierías informática, telemática e industrial, y traducción: cada uno de nosotros venía de su propia rama del conocimiento, pero todos hemos superado escalones en común, unidos en un equipo total muy superior a la suma de sus partes por separado.
El Grupo nos ha provisto de todo lo importante: lugar, personas, objetivos y, sobre todo, libertad. Libertad total, de la que tanto miedo da como oportunidades te abre. Nos ha dotado y formado en herramientas IA de vanguardia, preparando el terreno para que fuéramos nosotros mismos (tutorizados, pero nunca guiados) quienes exprimiéramos todo nuestro potencial: y planteamiento y ejecución eran tan buenos que, en diez semanas, hemos generado hasta siete prototipos funcionales para conceptos cada uno más rompedor que el anterior.
El mundo odia al 10 %, da igual que sea el de «abajo» o el de «arriba»: si no encajas, no hay molde para ti. Eso es un problema, tiene que cambiar, y por fortuna está cambiando; las ACI tienen un potencial infinito como nosotros, igual que tantos otros, hemos demostrado, pero es necesario canalizarlo. Hay talento, y por fin lo apoyamos.
TalentIQ es la respuesta empresarial perfecta a las ACI. Donde antes se asumía que pecábamos de vagancia, ahora se amplían los confines del puzle para que ninguna pieza quede discriminada.
Una persona con Altas Capacidades Intelectuales que esté a gusto donde está no sólo va a ser el mejor jugador, sino que va a cambiar las reglas del juego. Y, de esto, el Grupo Fuertes se ha dado cuenta a la perfección.