Desde el Partido Popular de Alhama de Murcia se ha emitido una «denuncia pública sobre la situación de los plenos municipales», afirmando que estos han «dejado de ser espacios de participación genuina» desde que el PSOE, IU y Alhama @ Aúna forman el gobierno local. Según el PP, «no se permiten preguntas incómodas, se bloquean las mociones presentadas por su partido y ni siquiera contestan a los vecinos que acuden a ejercer su derecho». Añaden que la alcaldesa Rosa Sánchez «impone su régimen, interviene fuera de turno y miente sin pudor», convirtiendo el pleno en lo que califican de «cortijo», donde «no se escucha, no se debate y no se responde». El Partido Popular critica que, «mientras se pierden subvenciones millonarias y se frenan proyectos importantes», el gobierno se dedica a «esconder gastos, insultar a los medios y silenciar a quienes piensan diferente». Reafirman su compromiso de «seguir alzando la voz» porque, para ellos, «callar no es una opción» y Alhama de Murcia «merece transparencia, respeto y futuro».
En otro orden de cosas, el edil Daniel Ruano, también del Partido Popular, ha expresado su «preocupación por el clima político actual», marcado por la «tensión institucional y los escándalos de corrupción». Ruano sostiene que el PSOE y sus aliados de izquierda «se aferran a un discurso de superioridad moral que no se corresponde con los hechos». Ha criticado el «intento de control del Tribunal Constitucional» por parte del Gobierno, calificándolo como parte de una «estrategia más amplia de colonización de los órganos del Estado», en la que, «bajo el pretexto de desbloquear instituciones», se «fuerzan nombramientos afines para asegurar decisiones judiciales que favorezcan sus intereses», incluso si esto «implica desdibujar la separación de poderes».
El edil ha mencionado que todo esto ocurre mientras se «minimiza la gravedad de escándalos como el caso Koldo o las conexiones con empresarios como Víctor de Aldama y otros personajes señalados por contratos irregulares durante la pandemia». Según Ruano, la respuesta de la izquierda ha sido «el silencio o el victimismo», mostrando «más preocupación por señalar a la derecha que por hacer autocrítica». Ha finalizado su declaración afirmando que el «buenismo» de la izquierda, esa «constante apelación a la ética y los valores progresistas», se «diluye cuando los escándalos tocan sus propias filas», con «indultos a socios condenados, normalización de la politización de la justicia y protección a personajes de dudosa integridad política», mientras se «demoniza cualquier crítica como ‘ultraderecha'». Para Ruano, el «verdadero peligro no está en una ideología concreta, sino en la falta de coherencia y el doble rasero», donde, «lamentablemente», considera que el PSOE «lleva la delantera».
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