Berrock 2025: música, solidaridad y orgullo local en una jornada inolvidable
En mitad del Parque Regional de Sierra Espuña, la pequeña pedanía alhameña de El Berro se transforma, una vez al año, en algo muy parecido a la aldea gala de los cómics de Astérix y Obélix. Un lugar pequeño, pero imposible de doblegar, cuya pócima mágica, si la hubiera, llevaría una buena dosis de rock y un ingrediente esencial: la amistad inquebrantable que prevalece sobre cualquier desafío. En esta historia, los protagonistas son Antonio, ‘Cabecico’, y Juan Antonio ‘Pitu’, los Astérix y Obélix de El Berro.

Así es también El Berrock, el festival que este sábado 2 de agosto volvió a reunir a vecinos, músicos y visitantes en una explosión de energía, rebeldía y música rock, todo bajo el mismo principio que los galos: resistir, juntos.



La plaza del pueblo se convirtió en un hervidero musical con las actuaciones de la banda anfitriona The Berrock Band (banda donde toca la batería Cabecico y donde también estuvo Pitu), La Plaza, Desenkanto, Cementerio de Elefantes, Greskand y los alhameños Proyecto Amenaza, grupo que abrió la tarde-noche de rock, ska y bastante de punk. Como cada año, la recaudación de la barra y las donaciones de los asistentes se destinan íntegramente a las fiestas patronales de la pedanía, lo primero, y a Cáritas, lo segundo, siempre con la inestimable colaboración de miembros de la Comisión de Fiestas de El Berro, organizadores del evento junto con el consistorio y la Asociación de Mujeres El Abedul. Al inicio del festival, la organziación tuvo un detalle con Desi, de Traspié, autor del cartel de esta edición, a quien se le entregó una camiseta conmemorativa y una réplica del cartel como agradecimiento.


Antonio ‘Cabecico’ destaca con orgullo que “todo salió perfecto, sin ningún problema”, y que la afluencia de público “superó las expectativas”. La barra se vació por completo, signo del éxito de convocatoria, y la plaza se llenó incluso más que en ediciones anteriores. “El ambiente fue inmejorable, la gente disfrutó mucho y se respiraba un compañerismo de los que ya no se ven”, señala Antonio, subrayando la ausencia de incidentes y la presencia de numerosas camisetas con el logo del festival.















Una historia de rebeldía y amistad
Al preguntarle por el origen de El Berrock, Antonio sonríe con esa mezcla de nostalgia y orgullo que acompaña a los proyectos que nacen de lo personal:
“Todo empezó en el 97. Nosotros teníamos el grupo y queríamos tocar en las fiestas, pero la Comisión de aquel año no nos dio espacio. Éramos chavales, teníamos 20 años, pero no nos conformamos”, recuerda.
Fue entonces cuando él y su amigo Juan Antonio “Pitu” decidieron actuar por su cuenta. “Pitu era hijo del alcalde pedáneo, así que fuimos directamente al Ayuntamiento y conseguimos el permiso. Buscamos un equipo de sonido, llamamos a unos amigos músicos… y montamos el concierto una semana antes de las fiestas”. Aquello, que nació como un acto de rebeldía, resultó un éxito y sentó el precedente de lo que, años después, se convertiría en tradición.
“Durante un tiempo no seguimos con el festival porque ya nos dejaban tocar, pero en 2013, cuando Pitu y otros compañeros entraron en la Comisión de Fiestas, nos dijimos: ‘¿y si lo recuperamos?’”, cuenta Antonio. Y así lo hicieron. The Berrock Band volvió a los escenarios y El Berrock resurgió, con más fuerza y con la idea clara de que no podía ser solo música: también debía servir para apoyar al pueblo.
Desde entonces, el Berrock se ha convertido en una cita ineludible en el calendario cultural de la comarca, salvo en los años de pandemia. Cada edición suma más público (siempre con la limitación de la pedanía, que no puede acoger más coches ni más gente, como nos recuerda Antonio), refuerza su compromiso solidario y mantiene viva la esencia de aquel primer concierto: hacer música con libertad, desde el corazón del pueblo, sin olvidar sus raíces.
Como en la aldea de los irreductibles galos, en El Berro no hay pócima mágica, pero sí hay algo que parece igual de poderoso: una mezcla de pasión por la música, compromiso colectivo y orgullo local. Y mientras ese cóctel siga latiendo, el Berrock seguirá siendo invencible.