

Las palabras del pregón de Leo López Rubio, que abrió la Semana Santa, cobran sentido en una jornada de luz, color y unidad































FOTOS PEDRO RUÍZ – AYUNTAMIENTO DE ALHAMA DE MURCIA- Crónica Toni López
El baile de los tronos al finalizar la procesión del Encuentro Glorioso dejó una de las imágenes más significativas y novedosas del Domingo de Resurrección en Alhama de Murcia. Por primera vez, este momento se vivió como un cierre colectivo, donde la emoción de los protagonistas era evidente. “Así sí”, se escuchaba entre portatronos y participantes, en una escena que reflejó un sentimiento de unidad compartida.
Las sensaciones vividas durante la mañana ya estaban anticipadas en el pregón que abrió la Semana Santa. Las palabras de la pregonera, Leo López Rubio, resonaron con fuerza en este cierre, describiendo con precisión ese paso del recogimiento a la celebración. “Amanece en Alhama y el aire ya no huele a incienso de amargura, sino a la fragancia fresca de las miles de flores que con mimo infinito, los cofrades han colocado en los tronos”, proclamaba entonces, dibujando la imagen que finalmente se hizo realidad.
La jornada estuvo marcada por el color, la música y una participación constante en las calles. Tal y como evocaba en su pregón, “bajo el cielo de Alhama el negro del dolor se desvanece ante el blanco de la pureza, el morao de la majestad, el azul de la fe y el colorao de la pasión vencida”, en una escena que se reflejó en los tronos engalanados y en el ambiente festivo que acompañó todo el recorrido.
El momento central volvió a situarse en el Jardín de los Patos, con el Encuentro entre las imágenes. Allí, la transformación de la Virgen de los Dolores se vivió con especial intensidad. “Se cae su manto negro… las lágrimas de la madre se vuelven de alegría, revelando una túnica de luz mientras suenan los himnos y vuelan las palomas”, recogía el pregón, en una descripción que conecta directamente con uno de los instantes más emotivos de la mañana.
Santa Mujer Verónica, Santa María Magdalena, San Juan Evangelista, Nuestra Señora de los Dolores y Jesús Resucitado protagonizaron ese instante de júbilo colectivo, acompañado por el sonido de las bandas y el color de unos tronos especialmente cubiertos de flores. El baile de los mismos, tanto en el Encuentro como en ese final inédito tras la recogida, reforzó esa sensación de celebración compartida.
Tras el Encuentro, la procesión continuó por el itinerario habitual, manteniendo ese ambiente festivo que caracteriza el Domingo de Resurrección. La pregonera también ponía el acento en los pequeños gestos que construyen esta tradición: “Es una mañana para sentir, cada pétalo, cada nota musical, cada caramelo”, una suma de detalles que se repitieron a lo largo de toda la jornada.
El recorrido dejó también momentos de recogimiento, como el paso por el atrio de la iglesia de San Lázaro, con la figura de Santo Tomás como símbolo del tránsito de la duda a la fe, o la escena en la calle Corredera, donde la tradición acerca los pasajes bíblicos al espacio cotidiano.
El propio pregón incluía un reconocimiento a quienes hacen posible esta celebración, Joaquín y Gloria, una idea que también se trasladó a lo vivido en la calle. “Mi más sincero agradecimiento por convertir vuestro hogar en el altar desde el cual podemos proclamar la Resurrección”, expresaba.
Por su parte, la alcaldesa, Rosa Sánchez, valoró que este Domingo de Resurrección “culmina una Semana Santa inolvidable”, en la que han destacado la participación, el buen tiempo y el relevo generacional. También subrayó la presencia de vecinos y visitantes durante todas las jornadas, así como el trabajo conjunto de cofradías, servicios municipales y colectivos implicados.
“La procesión, el Encuentro Glorioso y la posterior recogida han dejado una mañana preciosa en nuestras calles, con ese ambiente especial que solo trae el Domingo de Resurrección”, indicó.
Con el eco de la música, el color de las flores y el movimiento de los tronos aún presentes, Alhama cerró la Semana Santa con una imagen que conecta tradición y emoción colectiva. Un final que, como ya adelantaba el pregón, no es un cierre definitivo, sino el inicio de un nuevo tiempo marcado por la esperanza.