Nuestro idioma está lleno de palabras hermosas, unas lo son por cómo suenan y otras por lo qué significan. Muchas de ellas están en desuso porque casi no hay lugar donde emplearlas. Barbecho es una de estas palabras.
El origen campesino de parte de mi familia hace que, al nombrarla, me resuenen escenas y recuerdos ligados a la infancia, a una época en que la agricultura tenía sus tiempos. Tiempo de siembra, de crecimiento, de cosecha… algunas veces se dejaba una parcela de terreno en barbecho durante un tiempo que podía ser un año o más, se labraba y se dejaba descansar, a la tierra se le daba un respiro antes de la siguiente siembra.
“Después de haber cavado este barbecho, me tomaré un descanso por la grama, y beberé del agua que en la rama su esclava nieve aumenta en mi provecho…” (Miguel Hernández. El rayo que no cesa).
En la actualidad esta práctica va desapareciendo ante los sistemas de cultivos intensivos en los que no hay descanso para la tierra, los nutrientes naturales que se van perdiendo se compensan con tecnologías y compuestos químicos. Hay que sacar el mayor rendimiento posible. El cultivo intensivo de nuestra tierra, su sobreexplotación en todos los sentidos, llena los mercados de sobra, los excedentes incluso pueden generar pérdidas.
Nuestro cuerpo es nuestro terreno y, como en los campos dedicados a la agricultura, no hay descanso. Incluso los periodos de vacaciones se llenan de actividades que agotan. Los síntomas que nos avisan de que algo no va bien se cubren con distintos ropajes de los que hay ofertas para todos los gustos: Compuestos vitamínicos, ansiolíticos, analgésicos…el caso es estar siempre en activo.
En ningún caso se contempla parar, hacer un periodo de barbecho con alguna parcela de la vida y seguir con las demás mientras esa se recupera. Unas veces porque no se puede, el ritmo de vida actual lo impide, y otras porque se concibe como una señal de debilidad decir “no puedo”. Al final suele pasar que el cuerpo es quien toma la decisión: “hasta aquí hemos llegado”.
La palabra barbecho está desactualizada, pasada de moda, no cabe en el discurso capitalista. Sería bueno desempolvarla y volverla a poner en uso, aunque solo sea de forma metafórica.“Se tomará un descanso el hortelano y entretendrá sus penas combatiendo por el salubre sol y el tiempo manso. Y otra vez, inclinado cuerpo y mano, seguirá ante la tierra perseguido por la sombra del último descanso” (Miguel Hernández. El rayo que no cesa)