Durante la época estival, el pueblo ha sufrido una oleada de robos por la cual, el pasado 26 de septiembre, se produjo una manifestación. Esta no fue muy concurrida. Aquí seguimos con la tónica de que mientras no me suceda a mí, el resto me da igual.
Como afectada por dichos robos, no supe de la convocatoria de ésta y lo siento, porque hubiera estado en ella sin pensarlo dos veces.
Desconozco los detalles de los demás casos de robos en viviendas, pero los he sufrido en dos ocasiones y, por lo visto, son ladrones de poca monta, y alhameños, que se dedican a desvalijar todo tipo de enseres para luego venderlos. Me refiero a todo tipo de enseres como los recuerdos de una abuela o incluso los juguetes de mi propia hija.
A ver, sinceramente no se por dónde empezar, el problema es que no sabemos a ciencia cierta los nombres ni los hemos pillado in situ, el caso es que se escuchan comentarios y se puede llegar a tener una remota idea de quienes son esta panda de sinvergüenzas y lacra que estorba, molesta y sobra, por donde quiera que vayan.
No sé de soluciones, sé de la impotencia que se siente cuando entran en tu casa y se llevan tu esfuerzo, tu trabajo y tus recuerdos, esa sensación no se la deseo a nadie. En otros lugares han llegado a montar patrullas vecinales que han acabado con la delincuencia, los botellones en plazas y el tráfico de estupefacientes. Patrullas montadas por madres. Lo que no consiga una madre.
Por lo visto, los vecinos afectados piden que se endurezcan las leyes y así debería ser. Y poder publicar las caras de los ladrones y los que se dedican a trapichear con drogas, eso sería maravilloso. El ciudadano honrado, trabajador, que paga sus impuesto y que se preocupa por ser un buen vecino, se siente desprotegido ante tanta injusticia. Hoy en día tienen más derechos las malas personas.
La ley es lenta para alguien que no tiene poder y eso es así. Si decides ir por lo legal, ya puedes esperar sentado a que la “justicia”, por llamarla de algún modo te ayude.
El consuelo que te queda es que este tipo de personas tienen escrito en la frente su destino, el de ser un despojo durante toda su vida, porque sino es ahora, más tarde o más temprano se verán entre rejas, en la mugre y sin la aceptación de la sociedad. No nos vais a devolver nuestros objetos de valor sentimental, que son los que más duelen y no os castigarán por ello, pero, vuestra peor condena es ser quienes sois.