Redacción: José David Fernández Cánovas
Con una formación académica brillante en tres continentes, este joven de Totana debuta en la literatura con un poemario que explora el vacío no como ausencia, sino como motor de esperanza.
Con un currículo internacional que abarca universidades de Países Bajos, China y el Reino Unido, el escritor murciano Kai Momiejo ha protagonizado la presentación y firma de su primer libro de poesía, ‘La arista y el vacío’, este mes de octubre en la Feria del Libro de Murcia. A través de una entrevista en profundidad, el autor detalla cómo su periplo por seis territorios del planeta ha inspirado una poesía profundamente simbólica que desafía el olvido y reivindica la cultura de la esperanza.
A simple vista, el nombre Kai no resulta fácilmente identificable como un nombre español y, menos aún, murciano.
Esto se debe a que Francisco Moreno Momiejo (nombre original del protagonista) abrazó el nombre de Kai en 2018 durante su estancia en EE. UU. con la idea de facilitar su pronunciación y romper con la imposición tradicional.
Tanto es así que Francisco (en adelante Kai) defiende firmemente que “todo el mundo debe tener el derecho a elegir su nombre”. El ahora investigador y poeta confiesa que el nombre de Kai es una suerte de máscara protectora y un elemento de misterio ante su inusual apellido materno: Momiejo.
Actualmente, Kai se encuentra realizando un programa de doctorado en Cambridge (Reino Unido) en el marco de la línea de investigación ‘La rearticulación filosófica de la nostalgia como una emoción orientada hacia el futuro con un componente utópico intrínseco, mediada por la esperanza como una fuerza indeleble frente a la violencia y la ausencia’. A pesar de habitar en un país extranjero, Kai se define como un murciano inusual: “Yo nací en Murcia, me he criado en Murcia, pero soy una persona murciana muy atípica, porque mis padres no son murcianos”. Considera, además, que su identidad se sostiene mediante una reimaginación constante de la tierra natal a través de los desplazamientos. Esto le ayuda a consolidar un hilo conductor personal más vinculado a una perspectiva nacional o europea.
Por todo ello, Kai Momiejo califica de irónico y poético haber regresado a su tierra natal para presentar su primer libro antes que en el extranjero (donde ha pasado largas etapas de su vida).
“Que hayan sido España y Murcia las que me han brindado este espacio, me parece una especie de justicia poética. Puedes viajar lejos de tu tierra, pero al final hay un retorno al origen”, afirma un agradecido Kai.
Marcharse al extranjero no fue una decisión difícil para Kai, menos aún cuando llegó la noticia de que podía solicitar una beca para estudiar fuera.
Desde la infancia soñaba con conocer nuevas formas de vida y culturas:
“Siempre anhelé irme de España, no porque tuviera una mala experiencia, sino porque quería ver más. Quería salir, estaba hambriento del mundo, estaba hambriento de gente diferente”.
A pesar de los temores o pequeños obstáculos que pudo haber afrontado, Kai reconoce (con perspectiva) que creció tanto y se lo pasó tan bien, que pensar en cualquier tipo de miedo parecería estúpido. Es por ese motivo que, el aún joven trotamundos anima a los chicos y chicas de Totana a dar ese paso sin miedo, restando importancia a las dudas previas.
Detrás de su trayectoria internacional hay una confianza temprana (y quizás, tan inocente como valiente). No ha sido poco el tiempo que Kai ha invertido en la redacción de cartas de motivación para conseguir esas becas que le permitieran traspasar nuevas fronteras.
Unas becas, cuyos requisitos darían escalofríos y sudores a más de uno. E igualmente, les supuso un esfuerzo autodidacta constante. El propio Kai declara que “por cada ‘sí’ rotundo, hay muchos rechazos detrás, gente que no cree en ti o momentos que no eran los adecuados. Al final, salió bien, pero hay un trabajo enorme detrás y la necesidad de confiar en uno mismo”.
Si el nombre ‘Kai’ ya podía parecer poco común, el título de su carrera universitaria (cursada en la Universidad de Leiden, Países Bajos) tampoco se queda lejos del adjetivo “extraño”: Grado en Artes y Ciencias Liberales. Según Kai, “es un currículo al estilo americano en el que puedes cursar lo que te dé la gana; hay pocas asignaturas troncales y al final, te especializas en algún grado dentro de ello”. Esto es, se trata de un sistema flexible donde se combinan múltiples disciplinas. Como curiosidad, Kai menciona el modelo residencial dentro de un edificio vertical que integraba aulas y estudios, fomentando así una intensa vida comunitaria. En pocas palabras, el protagonista lo describe como “una experiencia total: estudios, vida y amistades”. Este ambiente participativo y multicultural, tan distinto al que se practica en España, amplió drásticamente la perspectiva intelectual de Kai: “Eso me abrió muchísimo la mente porque estaba constantemente bombardeado por estímulos diferentes a nivel educativo”.
Tras su etapa en los Países Bajos, Kai Momiejo aterrizó en un país radicalmente diferente: China. Pero más allá del gigante asiático, la fascinación de Kai por este continente va ligada a otros enclaves orientales, así como a la filosofía y la complejidad histórica de los sistemas de escritura tan particulares que utilizan: “La idea de un sistema de lenguaje basado en caracteres me parecía alucinante”. Cuando le preguntamos a Kai de dónde viene esa atracción por Asia, este responde que nace de la pura curiosidad que le acompaña desde bien niño. Tal es así que confiesa que su única ventana al mundo exterior en Totana era leer y memorizar el atlas del mundo. Kai se imaginaba siendo un niño allí: “¿cómo sería crecer en ese país?, ¿qué pensaría un niño en su día a día?, ¿cómo iría al colegio?, ¿qué comería?, ¿con qué soñaría?”
En la República Popular China y, más concretamente en Pekín, Kai desarrolló su Máster en Estudios Chinos. Una actividad que compaginó con otra más mundana (pero no por ello menos enriquecedora): profesor de inglés y español para niños y niñas chinas. Kai reconoce que “al principio estaba muy reticente, pero el salario era absurdamente bueno, algo que en España no existe…”. Y, si bien no le despertó una vocación docente estricta, la experiencia le aportó una gran satisfacción personal al ver cómo estaba ayudando a hacer realidad la curiosidad de
mucha gente para comunicarse en las lenguas más asiduas para Kai.
En relación al aprendizaje de idiomas, Kai declara que este proceso se constituye como una muestra total de respeto hacia el lugar de origen y las personas que lo habitan: “El intento de aprender un idioma diferente (el idioma del otro) es una forma de amor y también de regalo de mi tiempo y mi esfuerzo para intentar comprenderte a ti y así yo enriquecerme de ti”, comenta el joven murciano. Además, añade que el idioma “es lo fundamental para entender una cultura, entender un tipo de arte, entender la historia común de otra población”.
Anteriormente, se dejaban entrever una serie de características de Kai Momiejo que apuntaban hacia la determinación y claridad. No obstante, hubo un momento en su vida en que tuvo que tomar una decisión que le costó mucho tiempo de reflexión: realizar un nuevo programa académico sobre asuntos rusos o emprender el doctorado en Cambridge. “La decisión de hacer un doctorado no es fácil porque compromete varios años de tu vida, pero, aunque me quedó el resquemor de renunciar a la opción rusa, Cambridge era una oportunidad que no podía dejar pasar”, comenta Kai. Dicha
decisión vino motivada por la ocasión de continuar su formación al tiempo que conseguía una vinculación profesional retribuida.
Una vez en territorio inglés, Kai dice vivir en una burbuja favorable, algo aislado de la oscura realidad que se vive en el país. “Es un país un poco en decadencia y cuesta abajo. Se nota mucho a nivel económico: Londres y Cambridge son ciudades muy caras, sin justificación. Es más, creo que el Reino Unido atraviesa una situación crítica en su identidad nacional. Quizás el concepto de Reino Unido como unión se resienta en unos años”.
Gracias al doctorado que cursa en Cambridge, Kai Momiejo ha empezado a exponer ponencias de alto calibre sobre su línea de investigación, siendo la próxima parada Portugal, nuestro país vecino. El joven doctorando se desplazará a Beira y su intervención versará sobre la fenomenología del exilio a través del caso de María Zambrano.
“Planteo que el exilio constituye un lugar fértil para el pensamiento y una forma de comprender la realidad, analizando cómo su razón poética se nutre de esa condición”, añade Kai.
Una vez finalice su estancia en Cambridge, Kai no tiene definido especialmente su futuro: “Si mi carrera como escritor se consolida, me gustaría compaginarla con la labor académica o con el ámbito de la diplomacia y la mediación de conflictos en organismos internacionales o ONGs…”. En relación con ello, Kai siempre ha defendido la formación humanística como herramienta para cultivar la tolerancia, la empatía y la solidaridad. Y esta convicción, la trasladó al terreno práctico cuando comenzó la guerra en Ucrania, ya que Kai promovió la creación de una ONG en Países Bajos para enviar ayuda humanitaria y organizar actos de recaudación de fondos.
Entrando en materia de la obra publicada por Kai Momiejo, ‘La arista y el vacío’, el joven poeta reconoce la influencia de sus experiencias en el extranjero para dar a luz a el poemario: “El estudio de diferentes idiomas y epistemologías […] me ha aportado enfoques muy fértiles para escribir sobre el vacío y la ausencia, que no son elementos que se deban rehuir o evitar, sino quizás, la verdadera esencia de la realidad”.
La primera frase que abre el apetito (e intriga) del lector es la siguiente: ¿Y si no fuese el olvido la última frontera del corazón? Kai admite que fue una pregunta elegida al azar: “Me vino a la mente.
Mi poesía es bastante automática: surge una visión, una unión de imágenes, una metáfora o un símbolo, y a partir de ahí tiro del hilo”. Sobre el significado de esta pregunta y el contenido del poemario, Kai nos comenta que “intentamos luchar contra el olvido, pero ¿y si nos arrojamos a él de cabeza? El olvido es ineludible y quizás deseable en muchos aspectos. No hay que tenerle miedo: es algo tan natural como la memoria, la vida y la muerte. Son elementos opuestos que van de la mano”.
Uno de los términos con mayor número de apariciones a lo largo de los poemas es “la noche”. Kai, agradecido por la pregunta, habla sobre “la noche” como un símbolo muy evocador para él:
Representa la muerte, la oscuridad, el tiempo previo al amanecer, la ausencia y el vacío. La noche simboliza el olvido, pero también es el espacio donde brillan las estrellas y donde nace la aurora, que para mí representa la esperanza. Hace falta pasar la noche para llegar al día, igual que hace falta atravesar la oscuridad para ver la estrella que brilla o la auroraen el horizonte Como poeta, considera la creación poética como un modo primordial de existir y formular preguntas esenciales sobre el mundo.
Kai afirma que la poesía es capaz de desvelar verdades ocultas del ser humano y ser, a su vez, “la mayor defensa contra la violencia y la barbarie”. “Un país que no lee ni aprecia la poesía corre el riesgo de volverse bárbaro”, advierte Kai.
Algunos amigos de Kai ya han leído ‘La arista y el vacío’ al completo y le han transmitido sus impresiones. Con cierta ternura, Kai revela que incluso algunos amigos extranjeros han recurrido a traductores para leer sus versos.
“Muchos sabían que escribía poesía, pero no la habían visto reunida en un libro. Aprecio mucho el esfuerzo que hacen por acercarse a mi obra”, comenta Kai.
EL ROSTRO HUMANO Y COTIDIANO DE KAIMOMIEJO
¿Qué canción suena en tus auriculares cuando necesitas un momento de desconexión?
Ahora mismo me gusta mucho ‘Halcyon + On + On’, del grupo británico Orbital.
Habiendo vivido en tantos países distintos, ¿cuál es el aspecto de nuestra tierra que más echas de menos?
Quizás el paisaje desolador y casi marciano de Murcia.
Y de puertas para afuera, ¿qué sabor o comidate ha impresionado más?
El balut, un huevo incubado típico de Filipinas que contiene un embrión bastante formado.
Es una experiencia impactante.
Cuando no hay investigaciones, poesía ni viajes de por medio, ¿a qué te gusta dedicar un día completamente libre?
Pasear con amigos, tomar café varias veces (conversación mediante), disfrutar de un vino y bailar.
¿Qué película, serie o lectura es tu debilidad para pasar el rato?
No tengo una sola elección, pero en lectura me gusta mucho la poesía. Alejandra Pizarnik me apasiona.
Y aparte de tu facilidad para aprender idiomas, ¿qué habilidad curiosa tienes que la gente no suele esperar de ti?
Soy hiperlaxo.
Redacción: José David Fernández Cánovas
