Desde tiempos remotos, Iberia, Hispania, España fue un lugar al que todo el mundo quería venir. Antropólogos y prehistoriadores se sorprendieron hace unos años con los restos neandertales encontrados en Atapuerca, porque su ADN tenía restos de homo de la zona de Filipinas. Antes de que los fenicios llegasen a esta “tierra de conejos” unos guerreros, de lo que hoy es Europa del Este, mataron a la mayoría de hombres y violaron a las mujeres. Se han escrito miles de páginas sobre la conquista romana, las traiciones que algunos nativos tuvieron con los suyos simplemente para ostentar más poder o porque pensaban que lo de fuera era mejor que lo de aquí. Ya ven, lo representado en aquella película de “Bienvenido Mister Marshall”, ya viene de lejos.
Nuestro pueblo fue un cruce de caminos de todas esas gentes y, aunque desde el Imperio Romano las aguas termales más conocidas fueron Archena y Fortuna y por más que me pese como alhameña, nuestros baños nunca estuvieron al nivel de publicidad y clientela de esos dos. Lo de los musulmanes en Murcia merece un capítulo aparte, porque hubo de todo como en botica y cuanto más se estudia la historia, más compruebas como las fuentes literarias y arqueológicas demuestran que esa leyenda rosa que nos contaron en el colegio de que las tres culturas vivían en paz y armonía, no era otra cosa que eso: una leyenda; porque aquí, como en casi todos los sitios, la mayoría de pueblos y ciudades (incluyendo Granada) terminaron con un par de cofres de oro al Rey de turno en vez de con un exterminio en el campo de batalla. Hace apenas dos años un estudio confirmó que no hubo tanta mezcla como creíamos. De hecho, en el ADN de la población española tiene una proporción nula o casi nula de sangre árabe.
A pesar de todas las idas y venidas de unos y otros el pueblo español siempre se caracterizó más por su deseo de vivir en paz cultivando sus tierras y tomando cerveza o vino con sus amigos, que por presentar batalla salvo en caso de ser mandado por algún reyezuelo o “mandamás” que de esa gente avariciosa siempre andan los cupos llenos.
Todo eso, pero sin espadas ni sangre, venía a mi mente este fin de semana mientras observaba impávida como algunos de los descendientes de aquellos que cortaron cabezas de reyes con una guillotina se disputaban nuestro territorio a la voz de “éstos no saben de libertad, fraternidad e igualdad” frente a los que María Pita echó de España. Esos que han olvidado que su reina nunca les habló de la contraarmada porque si lo hacía se le caía la corona. También estaban los que se llevaron nuestro oro a Damasco y Rusia y que también quieren su trocito de pastel. Entre medio, algunos traidores, como los que se vendieron a Roma por ser mejor postor que Cartago y un grupo de numantinos que intentaban que la democracia y legalidad de esta piel de toro se cumpliese…
Ya ven, lo que sale en las series de comunidades de vecinos y sus reuniones, siempre es superado por la realidad.